¿Dónde quedan nuestros datos?
En infraestructura suya o en una cuenta a nombre de su empresa, no de la nuestra. El código y la base de datos son de la empresa: si mañana deciden seguir con otro proveedor, se llevan todo y no hay nada que renegociar.
¿Esto reemplaza gente?
Reemplaza tareas, no personas. Lo que se automatiza es lo que hoy consume horas sin agregar criterio: copiar datos, revisar campo por campo, contestar lo mismo veinte veces. El juicio de su equipo es justamente lo que no se automatiza.
¿Se integra con los sistemas que ya tenemos?
Es el escenario habitual, no la excepción. Trabajamos sobre lo que ya está funcionando —facturación, punto de venta, planillas, el sistema contable— en vez de pedirle que cambie todo. Si algo no se puede integrar, se lo decimos en el diagnóstico y no después.
Ya intentamos algo así y no funcionó. ¿Por qué sería distinto?
Suele fallar por dos razones: el sistema se diseñó para cómo debería trabajar la empresa en vez de cómo trabaja, o quedó a cargo de alguien que no conocía la operación. Por eso partimos midiendo el proceso real antes de proponer nada, y por eso los dos primeros pasos no le cuestan.
¿Hay contrato de permanencia?
No. Ni cláusula de permanencia ni licencias que amarren. Si el trabajo vale la pena, se nota en el resultado; y si no, nadie debería quedarse por contrato.